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lunes, 2 de octubre de 2017

CRÍTICA A LA OBRA TEATRAL " FACFOLC UN MANTO DE NEBLINA"




           
            Sala oscura, solo se puede ver iluminados mediante una luz cenital a tres jóvenes. Están vestidos de blanco, esto sucede por Abril de 1982. El país aún hoy, treinta dos años después, tiene una herida que no puede curar. Me tomo un instante para darme vuelta y ver la cara de los espectadores, en algunos ojos se puede percibir esa herida y en otros el deseo de que ese suceso jamás haya existido.

            La obra maneja un nivel muy interesante de tensión mediante el ruido de bombas, disparos y gritos. Se pudo ver mediante estos tres grandes actores el dolor de tres combatientes de Malvinas de tan solo dieciocho años que sacrificaron su juventud, su presente y en algunos casos hasta su vida por un pedazo de tierra al que llaman "patria". Hubiésemos preferido que nuestros jóvenes estén con nosotros, que el país no sufra esa herida y que Gran Bretaña se quede con nuestras tierras, hubiésemos preferido no matar tanto ni que nos maten, y que Gran Bretaña se quede con nuestras tierras. Pero los argentinos somos cobardes, y en vez de defender a miles de vidas, fuimos a luchar por dos islas.
            Mandaron el telegrama y Antonio no tuvo más remedio que asistir a la guerra sin saber que las imágenes y los recuerdos que allí vivía, lo acompañarían el resto de su vida, pero él lo hizo, en nombre de su "patria" sacrificando así la relación con  su familia, sus amigos y su novia. Él lo hacía de corazón porque de verdad quería hacer algo por su patria pero no sabía que detrás  de todo eso se encerraba una  "crisis sacrificial" de la que ellos mismos eran víctimas. Los tres amigos se encuentran en el campo de batalla y de a ratos para que la vida no resulte tan insoportable recuerdan sus anécdotas, su familia pero lo que más evocan con fervor es que en sus casas abrir una botella de  Coca Cola era el sinónimo de la familia unida o la celebración de un hecho más que importante. El solo hecho de recordar, era un atajo que a estos muchachos les quedaba para poder soportar la  cruda realidad.

             Cabe destacar la impronta del director de resolver el campo de batalla en escena mediante montículos de tierra. El espectador desde que ingresa a la sala se coloca en otro lugar.

            La música y el vestuario nos remite a esa época todo el tiempo. El excelente manejo  de los actores en el espacio la intensa corporalidad que manejaban incluso vivían lo que actuaban. Una obra que nos habla con mucha prudencia al corazón, de lo que sufrieron nuestros jóvenes en honor a la Patria.

Ficha técnico artística


Crítica: María Cecilia Durán 

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