domingo, 24 de agosto de 2014

NÓMINA Por LAURA BERALDI


¿Cómo se llamará, en psicología, filosofía matemáticas o biología… eso que pasa cuando el túnel de luz que cada uno tiene, desde el centro de la tierra hasta el cielo

..y que será una línea, de lo que hablo es una línea
no una burbuja que cubra todo,
 tampoco un manto azul que signifique un rastro de aura, nada de eso.
Una línea que une los pies a la tierra y ella se une al centro y luego vuelve
–con la fuerza multiplicada por menos diez-
y atraviesa la columna verticalmente y sale
 disparada rompiendo el cielo
 y volviendo al sol así

se transforma en sendero, porque se continúa en el tiempo? Se convierte en línea porque ese rayo vertical perpetuado nos persigue, y allí la temperatura sube, porque cuando el tiempo avanza la aceleración surge, y comienza la chispa. Luego el fuego.
El incendio la sorpresa la responsabilidad y el morir. Bueno hay varias cosas en medio pero qué importa.
Total, ya que importa.

No le preguntes nada a ella, es aburrido hablar de uno mismo


Me gustaría saber cómo es que se define eso de ir así, inmerso en la línea divisoria. Ni de un lado, ni del otro.
Inmerso en ella como catapultado.
Caminando por la línea que separa, anulado, no registrando las partes porque en esa instancia estamos en la línea. Es esta continuidad que repito la que me enloquece.

De un lado, se presenta el existir. Estar, sufriente porque te tengo.
Estar sufriendo porque no te tengo sosteniéndote.
Haber pensado al conocerte que eras mía porque surgiste desde el intestino.
Y hoy darme cuenta de que nunca te tuve y no era este tu camino. Tenías tu camino distinto del mío, es que los caminos nunca se han cruzado y yo estoy en este sol, de la línea ésta que me persigue y que camina conmigo al ras, que es yo y que es ella y que siendo conmigo formamos un quizá. No quiero ser tan abstracto, formamos, simplemente algo más. 

Del otro lado se presenta el no existir. No estar. No verla, no sentirla, no saber que ella está. A esta altura me es imposible demonios, yo ya confesé que ha pasado por aquí y eso indica su presencia, aun no estando, ha salido de la carne y tomado el lugar, las paredes ha pintado con su estigma y yo hoy aquí no logro olvidarle. Pero no existe, de este lado del murallón.
No está. Pero está en mi camino.
Recién he oído gritar que los caminos no se cruzan ¿como es eso?
Ella no está pero está en mi camino porque no se ha ido, se produjo el doblez del surco, en el cuenco cayó el amor que nos tuvimos y luego se fue pero el recuerdo a la humedad ha dejado una colonia de insectos (no digo sean malos, sólo horrorosos diminutos e incorruptibles insectos) la ha dejado como a mí y la colonia camina, arrastrando vida por donde va.

Es el milagro del suceso.
Cuando algo apareció. Y luego ya no importa nada de lo que pasa porque la respuesta que provoca en el mundo el estímulo de una reacción espontánea, nadie sabe codificarla aún, nadie sabrá nunca. Esa respuesta es un estallido de mil diamantes porque el sol se sabe que sale, y la luna se sabe que se esconde.

O tal vez las dos salgan.


Pero existe la poesía.

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