jueves, 27 de marzo de 2014

ENTREVISTA LITERARIA A MARIANA MAZOVER


Mariana Mazover, fotazo de CECILIA ABRAHAM
 
 
LLTV: Los tres libros mas importantes que hayas leído, o que mayormente te constituyeron. 

MM: ¿Sólo tres? Intento con 3 o múltiplos de 3… Mi Planta de Naranja Lima, de Vasconcelos. a los 8 o 9 años. Un librito exquisito, de una sensibilidad extrema, hermosamente escrito. Lo leo aún hoy, a mis 34 años, mínimamente una vez por año, y me lloro todo cada vez, como si fuera la primera. Lo sé casi de memoria. Supongo que cada vez que empiezo a leer un libro, íntimamente tengo la esperanza de ser capturada como aquella primera vez que leí Mi Planta de Naranja Lima, de un tirón, encerrada en mi habitación de empapelado de florcitas rosas.

La Voluntad, de Anguita y Caparrós, otra lectura hecha con fascinación y de un tirón. Los 3 tomos en un fin de semana, leyendo sin parar. Un verano, y sin aire acondicionado. Épico. Más allá del obvio valor historiográfico y periodístico del libro,  me parece maravillosamente escrito, me parece que tiene un gran valor literario. En la forma tan fresca y nítida con la que captura la complejidad de los años 70 y la militancia, los debates al interior de las organizaciones guerrilleras y sus tensiones. Cómo recupera las voces de sus protagonistas, cómo construye y narra infinidad de escenas cotidianas (el viaje en colectivo de un clandestino) y extremas (una chica de no más de 20 años pone una bomba al papá de su compañera de estudios, un capo de la policía), que nos permiten sumergirnos en el espíritu de la época, en sus detalles, en sus contradicciones, en las biografías amorosas  y políticas de los protagonistas de la época. No sé si los demás son o no son libros “importantes”, pero La Voluntad sí, me parece que es un libro que es importante leer. Y hay que leer los 3 tomos de un tirón. Cora Cané lo tendría que poner en el Clarín Porteño. Lo importante: Leer La Voluntad, de Anguita y Caparrós.

Aún recuerdo que esa lectura sostenida de los tres tomos me generó la sensación misma de la derrota al llegar a la última página. No sabría decir por virtud de qué mecanismos el texto produce esa sensación, que es física (si es por los acontecimientos, por los testimonios…). A medida que avanzan los años, de principio de los 70 a principios de los 80, lo vas leyendo y vas sintiendo la sensación, el dolor de la derrota, la certeza de que la retirada debería haber tenido lugar tanto antes; de que todo se fue desquiciando tanto; así como podés sentir con los primeros capítulos, los previos al Golpe, la algarabía, la ilusión, la fe inquebrantable en la Revolución, y creés con ellos, con Casullo, con Walsh, con Daleo, con Emiliano Costa...  En esta línea, menciono también que está bueno leer A Quien Corresponda, una de las últimas novelas de Caparrós, en la que un personaje, una piba jovencita, la amante actual, de un sobreviviente monto ya cincuentón largo, le pregunta a él: “¿Cuál era el plan? Si ganaban: ¿Quién iba a gobernar: Galimberti?.”  

Molloy y Esperando a Godot, de Beckett. Los pongo juntos porque me parecen de algún modo el mismo libro. Molloy es una novela y Godot una obra de teatro, pero para mí, van juntos. Son el mismo. No puedo explicar por qué. Supongo que porque los personajes están perdidos en el camino, unos esperando, el otro perseguido sin saber por qué, pero igual tiene que escapar. Y siempre como despatriados. Como sin Patria. Cualquier intento de explicar a Beckett me parece reducirlo. Cualquier intento de intelectualizar a Beckett me queda lejos. Beckett es esa risa salada, mitad risa mitad lágrima, ese cosquilleo que me produce cada vez que lo leo, esa sensación de que le dolía tanto a Beckett la humanidad. Será por esa permanente construcción paradojal de las cosas, por ese desmontaje permanente de la estructura ideológica del lenguaje, por esa mirada un poco desolada sobre el mundo. En definitiva, por cómo se construye eso que hoy llamamos, lo beckettiano.  Ese jugueteo con la lengua, con la cultura, y las palabras heredadas como vía para explorar la Condición Humana... Un fragmento de Molloy debe explicar mejor lo que yo quiero decir: ”Y me quedo otra vez no diré solo, no es mi estilo, sino, cómo diría, no sé, devuelto a mí, no, nunca me he dejado libre, eso es, no sé lo que significa, pero es la palabra que quiero emplear, libre para qué, para nada, para saber, pero qué, las leyes de la conciencia tal vez, de mi conciencia por ejemplo, que el agua sube de nivel según uno se va sumergiendo en ella y que sería preferible, es decir, por lo menos igual de bueno, borrar los textos que emborronar los márgenes, cubrirlos hasta que todo sea blanco y liso y la estupidez revele su verdadero rostro, sin sentido, sin salida Y en esta selección de los libros importantes, que serían ¿los que nos marcaron?, ¿Los que nos arrancaron del tiempo? ¿Los que nos hicieron pensar? me están quedando afuera: La Broma, de Kundera, y me está quedando afuera El Cementerio de Automóviles, de Fernando Arrabal, y me queda afuera Los Pichiciegos, de Fogwill, y: leer a Roland Barthes, Leer Voloshinov.  No olvidemos Vigilar y Castigar de Foucault, que es un libro verdaderamente importante… y las obras completas de Lorca… y por supuesto, Rodolfo Walsh. Quizás haya sido una picardía poner a Mi Planta de Naranja Lima y no a Walsh, no sé…  

LLTV: ¿Último libro que leíste? Y acá no me digas que estás leyendo cuatro libros a la vez…(Risas) 

MM: ¿Vos sugerís que diga 4? (más risas) Ahí van: Ahora estoy leyendo un libro que se llama Los Montoneros del Barrio, es una investigación sobre la Organización Montonera en el partido de Moreno. La tapa del libro es verde con letras amarillas. Está en proceso de lectura. Por ahora se viene centrando la cuestión en la traición de Perón una vez que ya no le servían las juventudes para que agitaran su regreso al país. Lo que habitualmente conocemos como “Imberbes”. Y por otro lado, indaga en la construcción policlasista de Montoneros y cómo era la estructura de poder al interior de la Organización.

Y antes leí La Ciudad Ausente, de Piglia junto con Respiración Artificial, de Piglia también; y Formas Breves, que es de Piglia, pero que es de ensayos sobre literatura y no una novela, como las otras dos. Soy de leer varias cosas juntas – o en seguidilla - de un mismo autor, básicamente porque me encanta ver cuáles son las obsesiones de los autores, y lo que insiste y las variaciones en su escritura.  

LLTV: ¿Qué libro te marcó algo para siempre y por qué? Un libro solo por favor… 

MM: Verano y Humo, de Tennesse Williams, quizás. Leyendo Verano y Humo creo que fue la primera vez que me dije: yo quiero escribir teatro. Un tiempo antes, también con un libro, tuve la primera vez la ilusión de dirigir: cuando conseguí Jacques y Su Amo, que es la única obra de teatro que escribió Kundera, de quien yo era más que fanática cuando tenía 20…leyéndola pensé en ser directora para poder hacerla. Por supuesto, ahora ya no lo haría. Pero le adeudo el haberme sembrado la semillita de la dirección.

Supongo igual que las lecturas que más me marcaron son las de la infancia, (No somos Irrompibles, de Elsa Borneman, por ejemplo) y las de la adolescencia, (como Benedetti, Inventario I y II; La tregua, Primavera con una esquina Rota), porque son las del descubrimiento mismo del place de leer. O las universitarias: las que te cambian la cabeza: Dialéctica del iluminismo, de Adorno y Horkheimer, El fetichismo de la Mercancía y su Secreto… (¿Quién leyó completo El Capital, de Marx? – ¡Nadie!) Mafalda me marcó mucho, y es una lectura que se va complejizando con los años, a los 10 años es una cosa, a los 15 es otra… Las primeras obras que leí y trabajé en los talleres de teatro, también, por supuesto, me marcaron: otra vez Verano y Humo, Bodas de Sangre, Tío Vania… Te parecerá curioso, parecen muchos, pero sabés que los tengo todos juntos editados en un mismo tomo…. Así que es un solo libro en sí:.. 

Mariana Mazover por CECILIA ABRAHAM
















 

LLTV: ¿En qué circunstancia escribís? 

MM: No soy de las personas que escriben todo el tiempo, físicamente hablando – esas que cuentan que se sientan y escriben, sacan un cuaderno en el medio del tren lleno de gente, y escriben, los que lo hacen casi como una necesidad diaria. Pero siempre estoy en estado mental de escritura. Escribo en la cabeza diálogos posibles (en general cuando camino por la calle); y paso fragmentos de textos literarios a un cuaderno, que es lo primero que hago cuando escribo: transcribo. Mezclo textos que me gustan, robo párrafos y los continúo yo… Escribir una obra, en sí, en general lo hago cuando tengo el proyecto de estrenarla. Y en general la escribo en los meses de verano, entre noviembre y marzo, que son los meses más tranquilos para mí, que tengo menos actividades, que puedo arrojarme al abismo de no dormir durante varios días porque estoy escribiendo. Que se acumula toda la vajilla sucia en la cocina durante días, porque estoy escribiendo. Que se amontona la ropa sucia en una pila al lado del lavarropas durante días, porque estoy escribiendo. Que no atiendo el teléfono, porque estoy escribiendo. Cuando tengo un elenco esperando, eso me fuerza a sentarme a escribir todos los días, aunque no salga nada. Pero las obras las termino durante los ensayos: sigo moviendo el orden de escenas, cambiando textos, condensando. A veces hasta semanas antes de estrenar. 

LLTV: ¿A qué personaje de qué libro te gustaría dirigir en una obra, y por qué? 

MM: A Molloy. Porque es un personaje en el que se mezclan pensamientos de una enorme comicidad, de una lógica muy propia de ver el mundo, de pensar su propia situación vital y a la vez profundamente trágico, desposeído, huérfano, casi anónimo, casi amnésico, abismado, casi sin patria, y está cansado pero tiene que andar. Se lo está persiguiendo sin que se sepa por qué, y él escapa sin saber tampoco mucho por qué, pero lo hace, con su muleta, y su bicicleta, y la piedra que lleva en el bolsillo para chupar cuando tiene hambre.  Son esos personajes los más interesantes para dirigir, o al menos, los que más me interesan a mí, no sólo como dramaturga y directora, sino también como espectadora. Los vulnerables. Los vulnerados. Los que no están por encima de las cosas. Los que están aplastados por las cosas, sometidos a alguna forma del poder. Dice Molloy: ¿Quién iba a quererle hacer daño a lo que yo era: un punto negro en la pálida inmensidad de la arena?. Acercarse sí, para ver de qué se trataba. Si era, o no, un objeto de valor proveniente de un naufragio y devuelto por la tempestad. Pero al ver que el objeto vivía, correcta aunque humildemente vestido, se le volvía la espalda”. Personajes que dan ganas de abrazarlos. Esos me gustan. 

LLTV: ¿A qué personaje de qué libro invitarías a tomar un café, a los efectos de conocerlo más íntimamente? 

MM: No sé si querría conocer más íntimamente a un personaje, porque prefiero siempre, siempre, todo lo que haya podido imaginar sobre él. Quedarme con eso. Con el personaje más grande que se arma en mi imaginación… con el rostro, el tono de voz, no soportaría que no coincidiera mi imagen mental con la imagen real del personaje en el bar. 

LLTV: ¿Recordás qué libro te generó muchísima expectativa y te defraudó en la  misma o mayor proporción? 

MM: La Posibilidad de una Isla, de Houllebecq. Venía con todo el envión por  Ampliación del campo de Batalla, Las Particulas Elementales y Plataforma – sobre todo Las Partículas… - y no pude nunca pasar de la página 40. No enganché. Hay lecturas que me resultan difíciles. Borges. La mitad de los cuentos que empiezo a leer, no  los termino. Y en su caso encima no le puedo echar la culpa a la traducción, que es un artilugio que a veces me invento para justificarme de la cantidad de libros que empiezo y abandono… 

LLTV: ¿Qué cosa es lo que más le sorprende de la humanidad? 

MM: Las palabras. Que exista el lenguaje es una cosa sorprendente. Y todo lo que es ciencia y tecnología. No entiendo el funcionamiento de la lamparita, la electricidad… y que la humanidad se capaz de experiencias sociopolíticas como el nazismo, las dictaduras… La humanidad en sí, es sorprendente. Y podría decir también ya que estamos hablando de libros: el deseo de ficción. Que querramos siempre jugar el juego de creer en la ficción. Sufrir, reír, llorar, emocionarse con las historias y los personajes. Y que eso nos atraviese, nos marque, nos parezca importante haber leído ese libro, haber visto esa peli, haber visto esa obra de teatro. Eso es sorprendente. 

LLTV: Con qué se va a encontrar la gente que va a ver Esquinas en el Cielo (Teatro de La Carpintería, Jean Jaures 858, Domingos 19 Hs) Y contanos un poco cómo surgió la idea de la obra. Qué cosas te movilizaron para escribirla. 

MM: Se va a encontrar con los trabajos de 3 actores increíbles, que son Alejandra Carpineti, Daniel Begino y Lala Mendía, se va a encontrar con el trabajo genial en escenografía y luces de Félix Padrón, se va a encontrar con el trabajo increíble de Pía Drugueri en vestuario, con una sala hermosa que es La Carpintería, y se va a encontrar con una obra que, según su síntesis argumental, trata de: “Lucrecia, una niña detenida en el tiempo espera encerrada en su cuarto de juegos el regreso de su madre muerta.  Su padre la anida en un mundo onírico y pesadillezco.  Adela, la nueva Institutriz, llegará a enseñarle francés a la niña que espera a su madre muerta, en lo que será, tal vez, el último día de la infancia de Lucrecia. O, quizás, el primer día en la nueva vida de Adela”.

El proceso de creación fue bastante largo, empezamos a indagar en los universos de los personajes en un proceso de investigación colectiva, tomando como disparadores distintos materiales literarios, principalmente los universos literarios de Silvina Ocampo, y también en la indagación de la infancia, a partir de objetos personales de las actrices. Luego de ese tiempo, me tomé unos meses para escribir la obra a partir del material surgido en los ensayos, reelaborándolo, y organizando la construcción del relato y la estructura de la obra. En ese proceso de escritura fueron apareciendo el universo de la obra, que es ese mecanismo de encierro y de cuento de fantasía que le inventa el Padre a la niña, y también la hipótesis que sostiene la trama, que es la búsqueda desesperada del padre por hacer aparecer ante los ojos de la hija a la madre muerta.

Con una primera versión, empezamos a ensayar la obra misma, y en ese proceso fui también corrigiendo el texto, ajustándolo y trabajando mucho con el escenógrafo y la vestuarista para crear ese mundo en el escenario. Hay mucho de lo que la obra cuenta que está sostenido no sólo en el texto, sino también en todo el lenguaje escénico. 

LLTV: ¿En qué otros trabajos estas participando y/o qué proyectos tenes para el resto del 2014? 

MM: Estoy escribiendo Herminia, o la Verdadera forma de las Mariposas. Una obra nueva, que espero empezar a ensayar a mitad de año, si es que primero llego a terminarla. Escribí 17 páginas casi de un tirón, y ahora me trabé fulero, no encuentro por dónde… pero ya seguramente se destrabará. Y seguir dando clases de dramaturgia, que es una cosa que me encanta hacer…. Y cosas que se irán gestando…


Entrevista: Walter Gómez

 

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