jueves, 30 de diciembre de 2010

FELÍZ 2011

La Letra Tal Vez les desea un muy felíz año nuevo a todos sus visitantes y asiduos lectores. Este año hemos iniciado el enorme  desafío de poder generar este espacio donde todos intentamos conocernos un poco más

Queremos agradecerles a todos los que han participado activamente en La Letra y apostaron a elegirnos para publicar por primera vez su material, su propia creación. Es una elección que nos enorgullece, por eso gracias a todos ellos, Laura Soledad Beraldi, a Alejandro Silva, a Walter ANDZILEWKO, a Noemí Porteiro, a Juan Franco, a Lucas Donadio, y especialmente, muy especialmente a Matías (alias Nicolai Kudrasov, o Misil Soviético). Matías, además de aportar sus letras, fuel el partero de este proyecto.

También, queremos mencionar a la gente que aún sin participar con material propio, nos empujan en la intimidad a seguir y tirar para adelante con sugerencias, halagos o críticas constructivas. En este listado, gracias a Daniela Torrilla, Belén Ramos, Gustavo Listengart, Alejandra Fontenla, Mirna, Bárbara, Alejandro García, Fabiana, Maria Laura (nuestra corresponsal en Francia de la que esperamos sus notas para el 2011), Mariano, Marianita Lamorgia, Adalberto, Emilio, Jorge, y seguramente algunos mas que olvidamos en esta rápida recorrida.

Un lugar privilegiado de interminable agradecimiento para Claudia, Juancito, Analía y Martín, por ser el motor que alza nuestras almas. Ellos nos despegan del escepticismo día a día.
A modo de despedida hasta el próximo año, les dejamos cuatro frases de Marcel Proust:

El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.

A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.

Sólo se ama lo que no se posee totalmente.

A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas.


GRACIAS!!!

martes, 21 de diciembre de 2010

PREFACIO A MUERTE EN CRUDO II

Hola a las letras, acá estamos de nuevo. Apuraditos, esta gente resultó exigente..!
Les presentamos en la publicación anterior, a la muerte en crudo.
Dije “cuadro en ropa de cama”, digo muerte en su intimidad más transparente, en esa del segundo que precede a lo que para ella, significa dormir.
Hoy, nos metemos en su despertar. En la carga que debe llevar, en cómo viste su disfraz.
Estas fotos también fueron sacadas por Lucas, pero fueron el reflejo de una historia anterior que de haber leído van a recordar al ver las imágenes. Si no recuerdan, no imaginaron demasiado.
No voy a escribir nada nuevo en referencia a estos cuadros. No puedo serme infiel.
Así es que voy a volver a contarme la historia que alguna vez me conté, me cuento muy seguido.

Es un placer para mí (me enseñaron y al fin aprendí, a “no meter en la misma bolsa…!”) si pueden…Vamos de nuevo:
Es un placer para mí, si pueden llegar a sentir al menos una sombra de lo que disfruto cada vez que estos personajes viven.
Gracias.   


Creo que el arte permite crear una cosa desde uno, que esa cosa se distinga de nuestra alma, y cuando está la cosa individual, que pueda verse no propia, que no pueda distinguirse el origen, porque toda ella, sea origen y fin.

Ahí va de nuevo, se desmembró de mí.

MUERTE EN CRUDO PARTE II (Shh...!)


Le arrastran los empeines en el asfalto.
Lleva las manos hacia atrás, con dos carteras de culpas.



El cabello largo no es, sino sólo su sombra, carcomiendo el cráneo desnudo.
Tiene maquillados los párpados. Con violetas y fresias. Con violeta de fiesta.


Esta mujer confunde, cambia las palabras por fósforos sin prender.



Cuidado con ella, camina despacio.




Sus tacos de humo.
Cada tanto levanta una ceja y mira para atrás, con una sonrisa opuesta.
(vigilia, silencio, un ruido a motor)



Mira sobre sus pasos, para ver que nada se le haya perdido.
Ni siquiera unas ganas.
Engrampada una luz verde, bajo el brazo izquierdo.


Muchas veces respira aspirando como remolino a más de un par de miradas que enceguecen.
Tu perfume la llama. 
Cuidado. 


No duerme por si hay una emergencia, no duerme porque sus sueños viven haciéndose realidad. 
No se vende fácilmente, y se compra con un gesto. 
Cuando prende el lavarropas perdona a algunos débiles, dándoles 3 días de visita y ni uno más.



A veces sus condenas son tan intrigantes! Tantos miedos hay, que ella ríe de lo libre que puede llegar a ser. 
Puede convertirse en animal en elemento e intención. 



En acto si se mete, es para tomar partido; porque a veces sí que se aburre. Juega. Como buena mujer.  
Se arma en ese acto, hasta un equipo con las figuritas que más le gustan.   



Se cree la más linda, y se saca los dientes cuando se va a dormir.



Cobarde, no se atreve siquiera a sentir remordimiento.



Atrevida, cuando mira no se frena a pensar en si seduce.



Tu mirada la busca. No asomes tanto.
Escondiendo inquietudes no te ve.





No seas especial, no soporta competencia.




 Muerte puta, dijo un tipo, y se la ganó solo con reconocerla.



Fotografías Lucas Donadio
Modelo: Laura Soledad Beraldi
Textos: Laura Soledad Beraldi

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA CHICA DESCALZA



Y una mañana temprano la chica
descalza decidió suicidarse.
La noche anterior había salido decidida a bailar
con ángeles perdidos que danzaban por la noche.
Pero antes se había acostumbrado
a curarse las heridas con sal,
toda vez que su corazón le avisaba que ya no flotaba.
A su trabajo iba siempre, pero nunca estaba allí.
Su mirada violenta le quitaba espacios,
aunque su sonrisa jugaba para la tribuna.
Por eso después de cada fecha,
el vestuario necesitaba del pizarrón y la yerba.
Su cabeza era una vaca sagrada
de las que ordeñaba ideas como ametralladora.
Un día, hace mucho, su corazón tomo de rehén
la sonrisa de un fantasma que había decidido
a jugarse las sábanas.
En ese paso, la chica descalza,
quemó más naves de las que tenía.
La imaginación decidió subirse a la montaña rusa,
Y en lo más alto el fantasma huyó despavorido.
Ella se quedó sola. Muy sola.
Es que aquél fantasma se asustó de las certezas.
Y justo ella, que no era exclusiva de nadie,
se encontró concurrida de silencios.
En el momento en que buscaba hacer pie en el infinito,
la locura se hizo dueña de ella en una semana de extravíos.
Cuando una tarde decidió romper con los lazos del primer día,
se paró desnuda en el parque a esperar
que la golpeara la primer piedra, del granizo de las almas.
En una nube de octubre se hizo amiga del huérfano del sol,
pero también se asfixió sola.
Y el huérfano siguió huérfano…y ahora manco.
Es que a ella, el aire le faltaba más que el alimento.
Y así, chorros de dolor escurrían de su alma.
Hasta que, claro, no pudo mas.
Ella que movía nubes con el pincel,
se inmoló en el que decidió sería su última obra maestra:
La pintura de su dolor.

                                                    Walter Gómez
                                                         31/05/10


(fotografía de Jody Ake)

jueves, 2 de diciembre de 2010

MUERTE EN CRUDO (Dossier fotográfico)

Algún sobreviviente a los ojos de esta mujer, cuenta lo que vió desde lejos. Es el día de la muerte. Ella no descansa, sólo vuelca lo que arrancó de la luz para lavar su cuerpo y dejarlo en reposo, que descanse. Mientras se suspende, más que lenta. Flota como el humo. Suspira, congela. Atenta (muy atenta) su vida gira en círculos porque nunca duerme...abre los ojos y vuelta a arrancar.
Es una ráfaga de oscuridad que se viste de mujer para poder vivir acá. En las fotos en blanco y negro se muestra ella en intimidad. Ella sin el cuerpo que dejó descansando. En las fotos en color, se refleja su día. De qué manera trabaja, el interrogante en sus ojos, la desesperación. A ella no le gusta ser la muerte, a quien le va a gustar vomitar almas al fin del día? Se muestra cínica, regocijándose en el dolor del otro, y de pronto…una pausa, muy leve, que significa su llanto. Una pausa de ojos tildados que deben continuar ciegos.
A esta mujer un día la vi flotando entre la gente. Solamente eso. Lo único que hice fue describirla en una historia. La quiero, es un personaje hermoso (si digo que para mi no es personaje y realmente existe se termina de confirmar mi locura, así que mejor no lo digo) Lo placentero de hacer estas fotos, fue que cuando las hicimos yo sabía los gestos que tenía, y que con cada situación haría. Las caras son exactas, y los sentimientos que demuestran son simplemente eso, lo que se ve.  

Ahora bien, Lucas las vivió de otra manera. Para él las fotos en blanco y negro fueron las máscaras que llevamos a cuestas. Las máscaras que la carne nos obliga a crear. Nos movemos bajo esos gestos, encadenados a la piel, esperando algún día ser libres e iguales. No creo que hagan falta más palabras para describir su percepción: miren por sus ojos. Ahí les va.


Muerte en crudo


Quinientos cincuenta y cinco pasados, todos bajo carne.
Algunas cuantas vidas que no meriendan placeres, ramifican un laberinto de luz bajo llave.
Y mientras allí en sus ojos, se ironizan un par de sienes en ridículo,
nace éste, el cuadro en ropa de cama de ella la muerte sana.


Sin ruido... digamos "La muerte en crudo".
Linda muerte.
Tan linda muerte, atajen sus pedazos de piel fría.

En su costado izquierdo se descubre una luz mala,
una luz verde, la luz que vuelve al mundo llano.



No te asomes por ahí, es el camino que acelera.


Sigilosa se interrumpe con sus bocanadas de honestidad. 


Se ahoga cuando las conciencias de los que la tienen,
la miran reclamando espejarse en su resina.  


No te acerques y no grites.
No sufras demás, ella no hace doler.
No quieras tocarla.
..no quieras tocarla.


Así es que no me queda decir más, salvo que ya es tarde hoy para ponerte a pensar en si tus ganas te mandan a mirarla. Ahora ya estás cerca, ya no cuenta.
Ahora ella decide, si te toca con una, u otra de sus manos.


Pero cuidado, y me llena de tristeza.
No vayas a pensar que esto es una advertencia.
Sólo es una profecía.



Fotos: Lucas Donadio
Modelo: Laura Soledad Beraldi
Textos: Laura Soledad Beraldi

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Comentario del libro "La tournee de Dios" de Jardiel Poncela por Noemí Porteiro




Durante un verano del año 1929 Enrique Jardiel Poncela escribió La Tournée de Dios, el relato atrapa por la vigencia de las descripciones que hace sobre la situaciones sociopolíticas de esos tiempos, la primera reflexión es lo poco que hemos evolucionado como sociedad después de pasado ochenta años.

La primera pregunta es quién este hombre que escribe sobre Dios en un tono cómico, un tema tan serio. Cómo se atreve a expresar por medio de cinco personajes tan particulares un jefe de redacción homosexual totalmente asumido, un escritor, un doctor fabulador, una cantante y el que en un principio es el protagonista principal,  Dios, representado como un viejo con barba recortada vestido ordinariamente. Digo aparentemente porque el verdadero protagonista de este libro somos todos nosotros con nuestro egoísmo,  absurdas y ridículas interpretaciones del deber ser.

Jardiel Poncela  aclara que no es un libro antirreligioso y que de ir en contra de alguien va contra la Humanidad, la humanidad es la verdadera protagonista, la que es descripta con todas sus contradicciones, con todas sus miserias. Y así sigue dando palos a diestra y siniestra para terminar con un final poco feliz que aun sabiendo que es producto del intelecto del autor nos deja de perplejos.

Cuando uno cierra el libro reflexiona: lo que pasa es que somos animales racionales,  como animales pensantes no podemos reconocer que hay cosas que no las vamos a saber nunca en nuestra vida, estamos atrapados entre el pasado y el futuro, y eso de no saber de donde venimos y adonde vamos después de la vida, nos produce angustia existencial,  algunos se refugian en la religión, lo que son como yo estamos jodidos, debe ser por eso que nos toco tanto este libro.

Llegando al final dice "Recapacitad, fatuos soberbios, gente engreída por una Inteligencia que yo os he dado". También "nadie conocerá nunca la opinión de Dios, se opone a ello la estupidez humana, la incapacidad torpe infinitamente torpe del hombre. Y su egoísmo. Y su vanidad delirante, que siempre le hará creerse mas de lo que es".

Abatida por tanta verdad revelada comienzo a leer el libro nuevamente desde el principio, es entonces cuando caigo en la cuenta que piensa el mundo como un ser orgánico, cuenta que escribió el libro porque  llevado de ciertas reacciones sentimentales se dispuso a vivir en contacto con la Naturaleza  (la pone en mayúsculas), dice que ideo y planeo el libro ante el espectáculo misterioso y eterno de la Naturaleza, entonces recuerdo que al final le dice  a Federico que sufra y llore, que cuando sienta como su acongojado corazón late contra el suelo comunicándole al planeta sus latidos y sirviéndote de el como una inmensa caja de resonancia te sentirás tan angustiosamente feliz..... y sigue ... habrás cumplido  tu misión de gota de agua.
Y pasa un día o dos y seguimos pensando en el libro y nos damos cuenta de que somos la especie más depredadora, la que más daño le hace al planeta.
Nos damos cuenta de nuestra propia estupidez cuando el personaje mas coherente es el loco del Doctor Flag el que cuando Dios con previo aviso se presenta en forma humana, contra toda majestuosidad preparada para el recibimiento, es el único que se le ocurre ofrecerle algo tan obvio como una limonada.

Hasta lo que consideramos  mas simple es una obra de arquitectura perfecta, una hoja  un árbol, un animal, un nacimiento, todo resulta  tan cotidiano que dejamos  asombrarnos y de celebrar su existencia.
Como escribió Jardiel Poncela “la humanidad, desatada e impúdica, perdida la confianza en sí, un concepto ya del deber, engreída, soberbia y fatua, llena de altiveces, dispuesta a no resignarse, frívola y frenética, olvidada de la serenidad y de la sencillez, ambiciosa y triste, reclamándole a la vida mucho mas de lo que la vida puede dar, desposeída de esa alegría por la alegría que es el único camino de la dicha, corre enloquecida hacia la definitiva bancarrota”.

A los que no leyeron el libro se lo recomiendo, reflexiona sobre muchísimos temas imposibles de resumir, sus opiniones son fuertes, en algunos caso estamos totalmente en desacuerdo porque no comprendemos como puede llegar a esas conclusiones pero después cuando terminamos el libro en el contexto en general entendemos el por que, son temas que ya sabemos pero que al verlos tan bien escritos nos calan hondo, por otra parte si no utilizara el humor como recurso narrativo seria un libro imposible de leer.

 A los que lo leyeron y se quedaron shoqueados  y angustiados con el final, para cambiar el estado de ánimo les recomiendo volver a leer el principio, el libro es como la vida misma,  cíclica, todo termina para volver a empezar.

Las mutaciones biológicas tardan millones de años en manifestarse, cuantos millones de años se necesitaran para que la humanidad llegue a la madurez de su plenitud, nosotros seguramente no lo vamos a ver, pero libros como este contribuyen a que eso algún día sea posible
Los que intelectualizamos todo entramos en una espiral y al final llegamos a la conclusión de que lo mejor es tomar mate bajo un árbol y contemplar la naturaleza, o quizás por que no   leyendo algún otro libro de Jardiel Poncela.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

GESUALDO BUFALINO (Extracto)


POR QUÉ ESCRIBIR


“Por qué se escribe? Me pregunto. ¿por qué nos afanamos en tejer sueños y mentiras, en dar cuerpo a muñecos y fantasmas, en fabricar babilonias de papel, en inventar vidas vicarias, universos paralelos y mentirosos, mientras afuera tan plausible, llueve la luz de la luna en la hierba y nuestros movimientos naturales , las mas inmediatas insurrecciones de nuestros sentidos nos invitan afectuosas al juego, divinamente simple de la vida? La vida que es enamoramiento impulsivo de sí misma, crédulo abandono de las cuatro doradas, virginales, felices estaciones.
Escribir insinúa la voz, no significa solo adular los minutos en la cosmética del imaginario, sino enriquecerlos con nuestras divagaciones mentales, adobarlos viciosamente con nuestras negras máscaras. Representa por lo tanto de algún modo, una culpa: Acaso mancharse las manos con tinta es como mancharse un poco con sangre. Un escrito nunca es inocente.
No solo por esto, pero en el acto mismo en el cual un autor  se humilla a la soberbia de decir “yo” ¿Cómo hacer para no sentirse indefenso, despojado, similar a un recluta en la mañana de la revisación médica? No asume, acaso, cada palabra suya los colores lívidos de una delación imperfecta? ¿No trasuda los sudores, los polvos abyectos de un despojo tentador y ausente? Exponerse en el escenario bajo las fulminantes luces de los reflectores, se convierte con el paso del tiempo, en una intolerable esclavitud.
¡El silencio en cambio…la perfección, la asepsia, la impunidad del silencio! ¡Poder observar la vida desde la butaca antes que representarla!...

…Afirma Montherlant que publicar un libro es como hablar en la mesa en presencia de la servidumbre. Lo paradójico es que para poder afirmarlo, él tuvo que recurrir a un libro: Tan peligrosa y plural es la naturaleza de la escritura…al punto que hasta quien se aficiona a la segregación y no soporta otro aire que no sea aquel de la cárcel, quien se hace oblicuo Voyeur de sí mismo, con un espejo en mano y uno detrás en la espalda, ni siquiera resiste a la tentación  de contar al mundo su narcisístico placer y las mil satisfacciones de la rebelión…

…Esto quiere decir que se escribe para poblar el desierto; Para no estar mas solos en la voluntad de estar solos; para distraerse en la tentación de la nada o al menos aplazarla. A semejanza de la joven princesa de Las Mil y Una Noches, cada uno habla a su turno para postergar la ejecución, para corromper al verdugo.
Muerte y escritura, he aquí una conexión crucial. Tiene razón Blanchot. Se escribe para no morir. En esta vida, se entiende…

…Se escribe para recordar, repito. Pero también se escribe para olvidar, para hacer inofensivo el dolor, biodegradarlo como se hace con los venenos en la química. La escritura puede ser un barniz que nos sirva como paliativo de los sentimientos y nos proteja de las angustias de la vida.
Aquí surge otra unión: Medicina y escritura. Que puede traducirse de un modo mas preciso: Escritura como analgésico, como remedio, y “placebo”, cuando se tiene en cuenta el margen del engaño piadoso que siempre comporta un consuelo de ese género.
¿Pero no se escribe también para ser felices? Leopardi lo afirma: “Felicidad por mí experimentada en el tiempo de componer, el mejor tiempo que yo haya pasado en mi vida y en el cual me alegraría durar mientras viva. Pasar los días sin darme cuenta y parecerme las horas cortísimas y maravillarme  frecuentemente yo mismo, de tanta pasión”. Escuchemos a Pavese: “Cuando escribo algo y me sumerjo, estoy sereno, equilibrado, felíz”…

…Sigamos adelante: Se escribe para hacer testamento…”Pronunciad cada palabra como si fuese la última” ha dicho Canetti y es una bella y solemne definición de la escritura…

…Se escribe para reemplazar la vida, para vivir otras…

*Cere Perse, Sellerio, Italia 1985

sábado, 6 de noviembre de 2010

QUIEN SOY



Quién soy
            Un compuesto del ayer y del lagarto

Lo que me interesa en este momento
            Una mujer citadina que tuviese en su bolsillo una caja de yodoformo

Lo que me asusta
Las gatas-damas de hocico helado

Lo que me gustaría tener
            La llave de cualquier casa

Qué perfumería eligiría
            El olor del barniz con que se untan los féretros

Qué color prefiero
            El de la rafia al de la rosa

Y tus ojos
            Debería semejarse a carbones humeantes

Vuestras ciudades
            Cuando estén hechas de odres

Lo que espero del sueño
            La mayor cantidad de azules posible

Del amor
            La mayor cantidad posible de calles encantadas

De la naturaleza
            El máximo de pájaros disecados

El asno tiene mas ternura que la mujer
            Cuando está atado a la cuna tras el diluvio

Cuándo ya no tendré aversión por las oficinas
            Cuando las dactilógrafas escriban en la selva

Cómo reconocemos un cementerio
            Por la tarjeta de visita

Por qué afino de diferente manera mi piano
            Es que no me gusta volver sobre mis pasos

Quién soy
            Pregúntenmelo cuando duermo
                                                                                                           
Vitezlav nezval (1933)

sábado, 30 de octubre de 2010

Tan solo una palabra

Yo bebía, crispado como un extravagante,
En sus ojos, firmamento morado que gesta un huracán,
El dolor que fascina y el deleite que mata.
Un relámpago… ¡y la noche otra vez!
                                                         Charles Baudelaire




Abro los ojos. Resucito otra vez a las inclemencias que me deparan las vicisitudes de un nuevo día.
Apago el despertador antes de que suene; sería demasiado molesto. La demanda de tiempo que me lleva prepararme para afrontar el día es mínima.
El sol ilumina los cristales de mi habitación. ¿Será demasiado tarde?
Es demasiado tarde.
Salgo apresurado de casa. La calle se encuentra desierta. Los árboles, el asfalto, los coches, todo toma ese color plomizo de la aurora. Me apoltrona su usura.
A lo lejos puedo, a gatas, divisar el número del colectivo que me llevara a la gran ciudad.
Lo paro y subo. La pequeña pantalla de la maquina de boletos me muestra el valor del dispendio que debo abonar por mi viaje.
Cuarenta y cinco minutos hasta mi parada. Demasiados rostros, historias, desánimos, melancolías, hastío. Nadie se mira,  pero a la vez me desarman con sus miradas. Todos mueren en una mueca de dolor. No puedo entender como puedo compartir con toda esta gente más tiempo que el que paso con las personas que amo.
Llego por fin a mi destino. La gran ciudad me ofrece un panorama totalmente diferente. Aquí la gente se cuenta por decenas. Las calles se trasforman en ese gran vehículo que lleva y trae hacia ninguna parte y en donde ya no tengo la esperanza de encontrar a nadie.
Veo las gigantescas letras de los avisos publicitarios que contaminan paredes quitándoles identidad.
Sin preverlo la aglomeración de personas me arrastra a la boca del subte. Dentro de las entrañas de la ciudad la situación se pone peor. Mi libertad se resume a la voluntad de los demás. El aliento, el roce, sus vestidos, todo tiene un sabor amargo.
Por un instante logro ver a una mujer. Un recreo para mis ojos. Entre sus manos tiene un chelo, el cual ejecuta con soltura. El instante en que paso a su lado es ínfimo pero me hace recordar lo mucho que me atraen las mujeres violonchelistas, será por ese compromiso sexual de disponer el instrumento entre sus piernas, supongo.
Otra vez en el exterior.
Entupido de mí que todavía intento recibir una bocanada de aire fresco.
Aun más gente. Cada transeúnte se suma a otro y el trancito de personas se convierte en un tenpestuso rió que me ahoga. La vorágine me fastidia, los colores me saturan, el humo y el esmog me embriagan. Me refugio en el anonimato y trato de enconar un cómplice.
De pronto, una mirada me encuentra….
Nunca pensé que una mirada ajena pudiera despertar tal sentimiento en mí.
Es una mujer.
Durante ese segundo de fascinación discierno entre dos actitudes a tomar: seguir mirándola, lo cual equivaldría a cristalizar una relación amorosa, o bajar la mirada, y en un segundo igual de efímero que el que nos hizo conocer, perderla para siempre.
Nos seguimos mirando, pero es ella la que en un instante me pierde de vista. Nunca más en nuestras vidas nos volveremos a ver…
Si solo me hubiese apresurado en llegar. Si hubiésemos intercambiado una palabra. Oír ese sonido que me saque de esta inmunda existencia, en donde todo existe para los ojos y nada para los oídos. Una palabra que haga brotar todo un bosque de otras palabras. Una palabra que corte con el progreso urbano de ensordecer nuestras almas. Tan solo una palabra.
     

miércoles, 20 de octubre de 2010

Digamos… que sí

Es como si dijera, que ni siquiera le inquietó que algo de esto pudiese pasarle.
Digamos la vida, digamos los días,
si me mojé el pelo, si me reí una vez más.
Si subí algún escalón, si lo abracé.
Si le hablé al oído.. no.
No me preguntó nada.
Un día, por no decir algún dia,
desde alguna de sus cuevas,
llegó alguien que con calma
me agarró del cuello y me dijo
"no te lo va a preguntar nunca
simplemente simple
como si te dijese que es
sólo porque no te ve.
Es tonto, no haber visto tanta luz.
Se quedó ciego, se asustó."
Y me regaló algo así,
algo así, como si dijera un beso.  
Que sorpresas son esas?
Por qué este hombre tiene esos ojos, negros como embudos.
Esos ojos entrecerrados, ese signo de pregunta en la frente.
Dos manos francas, y una sonrisa de costado.
Un conjunto intrigante, por demás.  
- Contame que ves - le dije con las pupilas grandes, mi sonrisa ansiosa y cerca de su perfume.
- A vos.. Me gustaría que veas como sos en mi mundo.

"Ahora sí.." Me dije.

Por qué busco lo que busco pero sin quererlo encontrar?
Busco simulado, busco en cuclillas de mentira.
Busco sospechosa, busco casi en penumbras.
Busco y grito que busco, pido buscar.
Y cuando encuentro lo que encuentro porque quise tocarles el hombro,
sólo a esos que son los que no busco pero recolecto,
un cielo azul violeta se me viene encima,
y ahí es cuando la danza de la lluvia empieza. 
El juego empezó, yo divertida en mi morbo.
Pero estoy cansada hoy, y me parece no querer jugar.
- Jugar, es con juguetes. No con tu corazón -  
Que tonta fui!
Me lastimé hasta mi punto ciego, para ser la primera en llegar!
Esa victoria es mía,
tuya tuya y tuya fui,
para llegar a la victoria mía.  
Ahora el juego termina,
termina el juego en el que hay sangre.
Ahora, entrenada mi mente,
comienza el juego logístico.
El juego inteligente, el juego divertido.
El de verdad.
El más peligroso, y el camino a la sabiduría de la felicidad -y viceversa-
Ahora que tengo estos dos ojos nuevos, puedo ver a mi compañero, y elegirlo despierta. 
El nuevo juego comienza
y esta vez no estoy sola.
Habré elegido lo que busco?
Habré abrazado a lo que digo buscar?
Yo te digo sí, por ahora sí,
hoy sí y ayer no.
Y mañana no.
Pero hoy si.
La inseguridad de esta verdad,
caduca en el momento en el que se hizo la pregunta escondida,
esa, la que ponía en marcha el motor.

“¿Quien está jugando con quien?” 

A ella:
Curiosidad o miedo...?

..sí, me quedo.


                                                 Laura Soledad Beraldi